Novelas Plurales

Novelas Plurales: La alambrada, Olga y la ciudad, Actores sin papel, Noticias del fin del mundo.

«Mientras algunos se obstinan en destruir, unos pocos nos empeñamos en seguir creando»

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La bandera invisible

Clavamos en este palmo de tierra de ningún sitio esta bandera invisible.

Agua (aforismos)


Cultura patrocinada

Becas a la creación convocadas por un banco. En la boca de una cultura patrocinada, en la que el patrocinador es la ballena.

Azulejo que representa el episodio
de Jonás y la ballena.

¿Quién fue Protágoras?

Protágoras fue probablemente el mayor pensador griego del periodo democrático. Sus textos fueron destruidos. Su pensamiento nos ha llegado deformado por sus rivales.

Dos mil quinientos años después, sus biografías demuestran qué duraderos son los frutos estériles del falseamiento.


El humor y los tribunales

El humor es una ruptura de la norma. Juzgar el humor en los tribunales es propio de estados totalitarios y de sociedades imbéciles.


Hacia el nuevo realismo en literatura

Los realistas del XIX, como Benito Pérez Galdós o 'Clarín', buscaban un lenguaje que reflejase la realidad, que apuntase al referente. Creían estar acercándose a ese objetivo y, en cierto modo, lo lograban: el estilo realista transmitía, más que la realidad misma, un efecto de realidad.

Hoy, los nuevos realistas somos ya conscientes de la incapacidad del lenguaje para totalizar la realidad, para definirla o para reflejarla. Nuestras palabras son como pistas, como aproximaciones a una realidad que, además, se ha mostrado diversa, potencialmente infinita, distinta para cada persona. Creamos con ellas una nueva realidad ficticia, que también es potencialmente infinita, distinta para cada lector.

Ya no pretendemos llamar "pan" al pan. Tampoco nos conformamos con llamar "vino" al vino. Sólo intentamos hablar del pan recién hecho de modo que el buen lector casi pueda olerlo, tocarlo, sentirlo entre sus dientes al morderlo con los ojos cerrados.

Tolstoi.

Un ideal

Hay muchos ideales posibles. En mi ideal, los individuos evaluamos la realidad con autonomía.

«El pensador», de Rodin.


Una democracia sin demócratas

Sólo una pregunta

A lo peor, el mayor escollo para una regeneración de la democracia no son ya los abusos de cierto capitalismo, ni el integrismo, ni el regreso del nacionalismo y los populismos, ni la demagogia, ni el aumento de la desigualdad, ni la sobreexposición de la intimidad y la conciencia en la era digital, ni la precariedad de las libertades civiles… sino la simple falta de ciudadanos demócratas. ¿Quién pensó que sería posible construir y mantener una democracia sin demócratas, deshumanizada?

Égloga: trilogía Primicias, frutos y presagios (Laberinto 4-6)

De las tres novelas incluidas en esta entrega de Laberinto, la titulada Égloga es la que más me ha gustado. Una novela brillante, escrita con el mismo estilo sugerente e hipnótico que ya hemos leído en otras novelas de Juan Ignacio Ferreras, como Calle o Demasiado pequeño para ganar la guerra. Se nota que Juan Ignacio estaba inspirado. Escribía de cosas que le afectaban, recuerdos de su infancia y adolescencia, historias vividas o soñadas en los paisajes familiares.

Égloga narra un veraneo en las montañas de León. La costumbre de veranear en los pueblos familiares sigue viva en España en el siglo XXI. A veces, uno conserva la vieja casa donde se criaron sus padres o sus abuelos y que sólo se habita en verano. Otras veces, quizás conserve familia en el pueblo y comparta apellidos con muchos vecinos. Pero Égloga está ambientada en la década de 1940, cuando esa vinculación entre el veraneante, la familia y el paisaje era aún muy fuerte. El joven, que estudia Derecho en Madrid, se reencuentra con un modo de vida en el que se hunden sus raíces.

¿Una novela de veraneo en los años cuarenta del siglo XX? Recordemos el contexto. Si la novela está basada en recuerdos de la adolescencia de Juan Ignacio Ferreras, debe de tener lugar hacia 1945, año arriba, año abajo. Es la posguerra española. Es incluso posible que no haya acabado la Segunda Guerra Mundial. Podría pensarse que Égloga es una novela escapista, porque no hay en ella nada que resuene a guerra. La juventud es egoísta, debe ser egoísta... Los jóvenes de ambos sexos que pasean por esta novela no se preocupan de guerras, sino más bien de amores. Juan Ignacio ha escrito una «égloga», como su título alude, es decir, un relato bucólico, caracterizado por una visión idealizada de la vida rústica (diccionario de la RAE). También hay aquí, a su manera, como pastorcillos y pastorcillas que dialogan y se bañan casi desnudos en el río y se roban besos en los graneros. Los veraneos en el agro español daban pie a escribir una especie de novela pastoril en pleno siglo XX, y uno de los aciertos de Juan Ignacio Ferreras fue ver la posibilidad y atreverse a escribirla.

Antes dije que encontramos en Égloga el mismo estilo sugerente e hipnótico de otras novelas de Juan Ignacio Ferreras. Hay algo más, muy importante en esta novela, que es el romancero popular. Porque hay personajes de Égloga que aún saben de memoria viejos romances, muchos de ellos sazonados de picardía, historias de encuentros furtivos y de celos, sátiras de los poderes públicos y del clero, cantos al paisaje y la naturaleza. Despejemos la duda: Ferreras no está embutiendo una práctica anticuada en el tiempo de su novela, no está incurriendo en algún tipo de anacronismo. Mi propia abuela, nacida en un pueblo de Toledo en la segunda década del siglo XX, aún recitaba de memoria, hacia la década de los ochenta, ya anciana, muchos romances como éstos.

Hay en Égloga, en fin, un gusto por la voz, los sentidos y la sensualidad. Hay mucho de juego. Pura literatura, pura vida.


*

Nota: Égloga esta incluida en la trilogía Primicias, frutos y presagios, volumen 4-6 de Laberinto (ACVF Editorial)




Igualdad y libertades

Hoy estoy aún más orgulloso que anteayer de ser un demócrata de izquierdas que no renuncia a las libertades individuales, civiles y políticas (26-11-2016).

Lecturas Recomendadas en las Veladas de La Garza

He inaugurado la serie de Lecturas Recomendadas recuperando mi artículo «De niño a insurrecto», sobre Jules Vallès y su Trilogía de Jacques Vingtras. Desde mi punto de vista de simple lector, esta obra es una de las novelas autobiográficas más hermosas que he leído.

Estas Lecturas Recomendadas son un proyecto que llevo madurando varios años. Se trata de una serie de artículos largos o ensayos sobre las narraciones literarias que más me han conmovido, que más y mejor me han hecho pensar y que más he disfrutado. La mayoría serán novelas, aunque también cabrán libros de relatos, incluso relatos únicos, esas piezas raras y preciosas. Así que no voy a seguir un criterio filológico. En algún caso coincidiré con los especialistas; otras veces me acercaré a obras extraordinarias y casi olvidadas; y en otras ocasiones defenderé la calidad de obras magníficas que, por convertirse en grandes éxitos de ventas, en best-sellers, han sido despreciadas por cierta crítica a fuerza de meros prejuicios. Incluso escribiré sobre algunas obras tachadas «de género»Me resistiré al peso muerto de los falsos prestigios. Viajaré de un país a otro y de un idioma a otro; la mayoría serán obras que he leído traducidas y de todas habrá alguna edición disponible en español. Cuando no exista o sea deficiente, intentaré publicarla en ACVF Editorial. Puedo anticipar que escribiré sobre Guerra y paz, de Tolstói; Sinuhé el Egipcio, de Mika Waltari;  Rebelión en la granja, de George Orwell; y Jane Eyre, de Charlotte Brontë. También, desde luego, me asomaré a obras de los escritores en español que más admiro: novelas de Pío Baroja y Benito Pérez Galdós, libros de cuentos de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar...

La serie no podrá ser periódica. Sólo iré escribiendo según las circunstancias me lo permitan. Buscaré un medio de comunicación interesado en financiar la serie, pero iré publicando los artículos en el blog Veladas de la GarzaMe lo tomaré con calma. Si me es posible, grabaré vídeos con charlas o conferencias. Como en «De niño a insurrecto», intentaré destacar lo más relevante de la biografía del autor, de su geografía y de su época histórica. Indagaré hasta donde pueda en los dilemas intelectuales de su tiempo. Intentaré transmitir, más que el placer de la lectura, la aventura intelectual de leer grandes libros.

Prometo (me prometo a mí mismo) que ningún título será peor que la Trilogía de Jacques Vingtras, de Jules Vallès. Tampoco podrá ser mejor. Carece de sentido establecer jerarquías entre obras únicas, porque todas serán obras únicas y singulares, escritas por autores excepcionales para lectores de verdad.


Charlotte Brontë, autora de Jane Eyre.

George Orwell, autor de Rebelión en la granja.

León Tolstoi, autor de Guerra y paz.

Mika Waltari, autor de Sinuhé el Egipcio.




El niño, El bachiller y El insurrecto (Trilogía de Jacques Vingtras), de Jules Vallès

Celebramos el 10º aniversario de ACVF Editorial publicando, por primera vez en español en un solo volumen, la Trilogía de Jacques Vingtras, constituida por las novelas El niño, El bachiller y El insurrecto, del escritor Jules Vallès.

Un amigo mío, excepcional dibujante, leyó un par de páginas de El niño y abandonó la lectura, pero aún no he conocido a nadie que haya leído más de dos páginas y no haya resultado seducido por este testimonio vital, triste a veces, también tierno... divertidísimo en tantos momentos, siempre emotivo.

Éstas son las tres dedicatorias con las que el autor encabezó sucesivamente cada una de sus novelas:

 A TODOS LOS QUE
se murieron de aburrimiento en el colegio
o a quienes hizo llorar su familia,
a quienes, durante su infancia,
fueron tiranizados por sus maestros
o zurrados por sus padres,
dedico este libro.

Jules Vallès (Londres)


A QUIENES
alimentados de griego y latín,
se murieron de hambre,
dedico este libro.

Jules Vallès (París)


A los muertos de 1871.
A todos aquellos que, 
víctimas de la injusticia social, 
tomaron las armas contra un mundo 
mal hecho y formaron, 
bajo la bandera de la Comuna, 
la gran federación del sufrimiento,
dedico este libro.

Jules Vallès (París, 1885, póstumo)

Jules Vallès retratado por Courbet



El Quijote

Publicamos en el blog de literatura Veladas de La Garza un extracto del estudio que Juan Ignacio Ferreras dedicó al Quijote y al análisis de su estructura y de su estilo.

El ensayo La estructura paródica del Quijote está incluido en el ebook Historia de la novela en España.

Visitar Veladas de La Garza




Pensando la pluralidad

En el siguiente enlace podéis leer «Pensando la pluralidad», extracto de una conversación acerca de literatura, el 15M, el pluralismo político, la diferencia entre ideología y axiología... En la conversación también se tocó la Nueva Modernidad, el pensamiento de la filósofa de la política Chantal Mouffe y la literatura española, entre otras cuestiones. 
Veladas de La Garza: Pensando la pluralidad
Principio:

Carlos Cortés:  En la dedicatoria de Agua, hay una alusión al 15M: «A los que, en la plaza o en su estudio, vieron más lejos y más claro».
José Marzo. Quería subrayar ese doble plano de lo público y lo privado. La plaza, en la cultura española, es el símbolo de la vida pública. Aunque cada vez menos, porque los grandes centros comerciales, con sus avenidas con aire acondicionado y comercios, las han sustituido casi por completo…. Pero sí, también pensaba en el 15M. Comencé a escribir Agua en mayo de 2011. En principio, sólo quería recoger mis impresiones y reflexiones sobre lo que estaba sucediendo.

CC. ¿Cuál es tu opinión sobre el Movimiento de los Indignados?
JM. El 15M es lo mejor que le ha pasado a la cultura europea en las últimas décadas, desde el Mayo del 68. Me refiero a la cultura política democrática. Prefiero hablar de «15M» y no de «movimiento de los indignados». En español, hay una distinción muy clara entre «ser» y «estar». No es lo mismo, desde luego, «estar indignado» que«ser un indignado».
Acampada del 15M en la
Puerta del Sol de Madrid (mayo de 2011)
CC. ¿Adónde quieres ir a parar?
JM. Hay un momento para la indignación y la protesta y otro momento para la reflexión y la propuesta constructiva. También yo me indigno, claro, quién no; pero la cabeza siempre debe dirigir nuestras acciones. La cabeza, la racionalidad, siempre delante. Hay algo que no me acaba de gustar en esa supuesta identificación de los que en un momento dado protestamos con la mera indignación. Me recuerda a esa ideología medieval que dividía a los hombres entre la nobleza que guerrea, el clero que reza y la plebe que labora. Los poderes dominantes pueden tener un interés por identificar a los contestarios con la irracionalidad. Dividir el sistema actual entre los empresarios que invierten, los políticos que gestionan y los ciudadanos que trabajan y protestan… La democracia no resistiría esas divisiones estamentales. No son reales, porque todas las personas tenemos talentos diversos… Y a lo largo de una biografía individual, uno puede cumplir sucesivamente funciones distintas. No sé si me explico…

CC. Perfectamente.
JM. El nombre de «15M», que fue el primero y original, es más neutro, y puede englobar esas dos actitudes complementarias, racionalidad y contestación indignada. La capacidad de crear, la de gestionar, y también la posibilidad de crítica.
(...)

Veladas de La Garza: Pensando la pluralidad

Calle de la Inteligencia

Pienso que la Guerra Civil es el hecho más grave de la historia contemporánea de España. Los efectos de las guerras carlistas y de la pérdida de las colonias americanas no admiten comparación con las consecuencias desastrosas de la Guerra Civil.

Dividió España en dos «bandos». Causó centenares de miles de muertos, exiliados y represaliados. Enemistó a familias y pueblos durante generaciones. Estableció un régimen dictatorial y confesional que nos aisló económica, política y culturalmente durante décadas.

En mayor o menor medida, casi todos los miembros de las élites españolas tuvieron una parte de responsabilidad en el desencadenamiento de la Guerra Civil. Sin embargo, es incuestionable que la mayor responsabilidad recae en los generales fascistas que dieron el golpe de Estado y los que lo secundaron.

Pienso que Millán Astray y su grito aberrante de «¡Muera la intelectualidad traidora, viva la muerte!» encarna lo peor de la España contemporánea. Miguel de Unamuno, que tuvo el coraje de alzar su voz pausada ante un auditorio de guerreros totalitarios, fue en aquella sesión el valedor de la inteligencia.

Pienso que es una buena noticia que por fin se retire del callejero de Madrid el nombre de la «calle Millán Astray». Que en su lugar se ponga el de «calle de la Inteligencia» honra la memoria de Miguel de Unamuno y de todos a los que aquel día representó.

Han tenido que pasar ochenta años. Demasiados.
Miguel de Unamuno, escritor y filósofo.
Hombre de bien.

Enlaces recomendados de la Wikipedia:
Miguel de Unamuno (con el resumen del enfrentamiento en el paraninfo de la Universidad de Salamanca).
Millán Astray (también con el resumen del enfrentamiento en el paraninfo de la Universidad de Salamanca).

Agua

Acabo de publicar Agua, el volumen de aforismos en el que he trabajado desde 2011. 
Es un libro de filosofía, pero no de historia de la filosofía ni desde luego un tratado especializado. Aborda cuestiones actuales de literatura, política y economía, ética y psicología, lenguaje y ciencia desde la perspectiva de la filosofía del lenguaje y con un tratamiento humanista. Su núcleo es el pluralismo. Se puede entender sin haber leído antes a Russell, Wittgenstein, Austin o Mouffe, pero doy por descontado que la mayoría no prestará atención a este libro.
Los interesados en tener más información podéis consultar el índice y leer algunos aforismos en el blog de ACVF Editorial.

Ilustración de cubierta de Agua.
Sólo en libro. Sólo en Amazon.

Carretera, pasta, poder, de Miguel Baquero (culpa, soledad e impotencia)


Semblanza de Miguel Baquero

por José Marzo


Acabo de leer Carretera, pasta, poder, la trilogía de novelas cortas firmada por J. Miguel G. Martín, alias Miguel Baquero.

Miguel Baquero, al que Antonio Paniagua calificó recientemente como «un escritor que ama la burla», nos sirve ahora unas páginas empapadas de amargura.

Una novela, un relato, es también un estado mental. No hay nada gratuito en este viaje que Miguel Baquero nos propone: tres novelas que se atreven a sondear tres claves de nuestra condición. Reinventarse en cada libro es una exigencia intelectual, porque, cuando nuestro estado de ánimo o nuestra visión del mundo ha variado, es imposible repetirse sin engañarse a uno mismo ni incurrir en la autocomplacencia.

Pienso que este nuevo libro se entenderá mejor en el contexto de la trayectoria de Miguel Baquero.


Las máscaras del escritor

Novelista, cuentista, crítico literario en ratos perdidos, Miguel Baquero se crió en un barrio de Madrid, estudió periodismo y trabajó durante años en Correos.

Primera edición de Vida de Martín Pijo
(Vosa, 1999)
Se dio a conocer a los lectores en 1999 con la novela titulada Vida de Martín Pijo. Más bien deberíamos decir que Miguel Baquero «no» se dio a conocer. Publicó aquella primera edición como anónimo, borrando su identidad de esta narración breve, ingeniosa y divertida que era algo parecido a una actualización del clásico Lazarillo de Tormes y al mismo tiempo un homenaje. El resultado no es, desde luego, un pastiche. El pastiche es imitación disimulada, pero aquí no hay ni imitación ni disimulo. Lejos de limitarse a calcar un estilo y una estructura sobre un escenario social contemporáneo, en Vida de Martín Pijo se invierte el ascenso social del protagonista y se trastoca el conflicto básico de la narración, para asentarlo en esta época desnortada y corrupta, por este orden, porque es corrupta a fuerza de desnortada. El resultado no es una novela picaresca, sino más bien la parodia de un ingenuo que cae con sus valores a cuestas en medio de una sociedad que los desprecia. El niño bien, de buen apellido y buen colegio, pasará de una profesión a otra, cada vez más abajo, hasta acabar haciendo ripios en un absurdo concurso de poesía.

Fiel a este antecedente, Miguel Baquero siempre ha jugado a los disfraces y al escondite con los lectores. Uno ya no puede estar seguro de si su nombre real es J. Miguel G. Martín o Miguel Baquero, o ninguno de los dos. Quizá un tal Janer o ese Menéndez que se subió al barco de la revista La Fiera Literaria. ¿Qué es un «nombre real»? Muchos habrán leído en revistas sus críticas literarias sin reparar en la identidad que guiña el ojo tras la firma.

Si una mayoría de lectores lo considera sólo un escritor de humor, es quizá porque no ha leído su novela Matilde Borge, aviador. O quizá porque es en el humor donde, hasta ahora, se ha demostrado rotundo. En 2009 Miguel Baquero publicó un volumen de cuentos en libro de bolsillo en otra pequeña editorial, ACVF, sin distribución en librerías y en quiebra. Los Diez cuentos mal contados deberían haber sido un acontecimiento literario en una sociedad atenta al talento. En España, este volumen entre la fábula y la ciencia-ficción pasó desapercibido excepto para una minoría: algún librero voluntarioso, unos pocos amigos con criterio literario propio. El relato que abre el volumen, «Carta desde las ruinas», es una delicia. Merece que nos detengamos un momento en este relato, que habla de nuestra época desde un futuro imposible. Tras una destrucción masiva (quizá una guerra nuclear), unos sabios arqueólogos de la humanidad futura, que vive una nueva Edad Media, visitan las ruinas de esos santuarios profanos que son nuestros estadios de fútbol. Relato cuyo humor emerge de la extrañeza, divertido a fuerza de inteligencia. Espero que nunca lo hagan lectura obligatoria en los institutos.
 
Diez cuentos mal contados (2009, 2015)
Muchas veces he defendido que debemos valorar las obras por encima de los autores, que una sola buena obra basta para justificar una vida literaria. Este propósito tiene por delante dos obstáculos: la imposición del mercado de consumo, que incentiva la cantidad por encima de la calidad como una estrategia de renovación constante del escaparate, y la utilización del nombre del autor como una marca comercial. Como impliqué antes, una gran obra literaria es en gran medida un estado mental, así que la autoría puede ser garantía de una cierta calidad, pero no necesariamente de una gran calidad. Son pocos los autores que han escrito más de una gran obra en su vida. Y tampoco demasiados los que han escrito una sola gran obra.


La felicidad de la escritura

Pese a Vida de Martín Pijo, pese a las «Cartas desde las ruinas», el Baquero más feliz es el autor de Amigo bloguero.

La web, los blogs y las redes sociales han cambiado y siguen cambiando nuestra forma de leer y escribir. La inmediatez de la publicación y la cercanía del lector son factores decisivos que están influyendo en el proceso de escritura. En su novela Misery, Stephen King llevaba al extremo las exigencias de una lectora, que, contrariada porque el autor de su serie de novelas románticas favorita ha dejado morir a la protagonista, decide secuestrarlo para que siga escribiendo. En la cultura de mercado, después de las exigencias negativas de las censuras gubernamentales (no escribas esto), el escritor puede verse abocado a las exigencias positivas de los lectores (escribe esto). En internet, uno casi puede sentir el aliento del lector en el cuello. Está detrás de nosotros y lee nuestro relato con una mano blanda y fría posada en nuestro hombro. En cuanto damos al intro y lo publicamos, el lector opina… o calla. Su silencio puede ser tan hiriente como su crítica.
 
Una de las fotografías que ilustran
Amigo bloguero.
Ésta es de Miguel Baquero
Durante varios años, Miguel Baquero escribió los blogs A esto llevan los excesos y El mundo es oblongo (Amigo bloquero 1 y  2), con la presión constante, inmediata e irreverente de los lectores, que lo felicitaban o reconvenían, que lo juzgaban y apremiaban. Para tomar la necesaria distancia frente al asunto y frente al lector, Miguel Baquero se inventó un personaje llamado Miguel Baquero: un buen tipo, algo pasado de peso, «calvorota», simpático y bromista, que se ríe de sí mismo. No le cae bien su cuñado y finge, dentro del fingimiento general, ser un tipo duro que mantiene a raya a la delincuencia organizada. Transformará el encuentro con un editor en una cafetería en la siniestra cita de dos traficantes de droga; unas vacaciones en familia en la playa, en un relato de suspense; un recuerdo infantil del pueblo, en una aventura. Miguel Baquero se convertirá así en el personaje protagonista de un viaje por el pasado y el presente de una vida ficticia sobre un fondo de realidad, en entregas semanales. Una parodia escrita por un tal Miguel Baquero que tiene por personaje a un tal Miguel Baquero. Creo recordar que una lectora definió sus mixtificaciones, ocurrencias y salidas como «baqueradas». Baqueradas eran: escritura feliz. El estilo es fresco, cercano a lo oral y lo coloquial. Se hace transparente. Entiendo por «escritura feliz» no una de tono alegre ni humorística necesariamente, ni aquella que trata sólo asuntos ligeros o divertidos. Un tema grave y un ánimo triste pueden expresarse felizmente. La escritura feliz es acabada y certera, eficaz, y da como resultado que el fondo y la forma armonicen y el texto se haga transparente.

El término «baquerada» fue un hallazgo. No recuerdo el nombre de la lectora que lo acuñó, pero si alguien me lo aporta, con mucho gusto lo indicaré en nota al pie de este mismo artículo.


Pasta, pasta, pasta

En mi opinión, Pasta es la narración formalmente más acabada de las tres que conforman la trilogía Carretera, pasta, poder. El narrador y protagonista es un ingeniero que pasa un par de años recluido en un garaje hasta dar forma a su invento y que luego vende la patente a una empresa japonesa por una cantidad desorbitada. Entre las condiciones del contrato, se establece la renuncia a la autoría de su invento. Esto es importante, porque la cuestión de fondo que se plantea en esta novela es la del vaciamiento de una personalidad. «Decadencia», dirá el narrador, en alusión a la ley de la entropía y la tendencia hacia el desorden. Después de haber pasado dos años encerrado investigando, ha perdido a su mujer y a sus amistades. Con el dinero recibido por la patente, se dedicará a llevar una vida de millonario discreto. ¿Qué haríamos si de pronto recibiéramos decenas, centenares de millones de euros? El protagonista compra su seguridad sobornando a una banda de delincuentes, compra algunas casas, compra algunas amistades y amores, compra… Pasta, decía, es una obra sobre el vaciamiento de una personalidad, sobre la soledad en un sentido absoluto. No se trata de una facilona parábola del dicho «los ricos también lloran», sino de una reflexión sobre a qué renunciamos por dinero.
 
Retrato de Miguel Baquero
(fotografía por Lola Coya)
Ha habido una evolución drástica en el estilo y los motivos de Miguel Baquero desde su anterior obra, Amigo bloguero. La escritura se ha vuelto indecisa. Baquero busca un nuevo tono, un nuevo estilo. Fía la eficacia literaria de su obra a la fuerza de la estructura narrativa, la mayor virtud de Carretera, pasta, poder.


Novelas cortas

¿Novelas cortas o relatos?  El tinglado literario-comercial actual necesita libros gordos. Los libros gordos se venden más caros y permiten amortizar la inversión en publicidad: el alquiler de espacios en radio, prensa y televisión, de escaparates de librerías y de góndolas en los grandes almacenes. La etiqueta «novela» ayuda a vender (a veces, a vender engañando), aunque la narración no sea necesariamente una novela, sino una miscelánea o un volumen de cuentos con un marco narrativo común. Lo que distingue a un cuento de una novela hay que buscarlo, más que en el tamaño, en la complejidad del argumento y de los personajes. Pero una novela corta sí se distingue de una novela larga por su tamaño. La novela corta se suele ceñir a un solo argumento, evitando bifurcaciones y concentrando la expresión: tiende a la síntesis. Se va a leer en una, a lo sumo dos horas, y su eficacia va a depender de su capacidad para construir un mundo en una sola sesión de lectura. Pienso que las tres narraciones de Carretera, pasta y poder son novelas cortas por estos motivos.

Baquero, desde el mismo título, ha jugado con nosotros al despiste. Las tres obras incluidas en Carretera, pasta y poder llevan un título irónico. Una novela que trata sobre la memoria y la culpa se titula Carretera. Una novela que trata sobre la soledad y el vaciamiento de una personalidad se titula Pasta. Una novela que trata sobre la impotencia y la crueldad se titula Poder. ¿Por qué?

De la cultura norteamericana, la cultura europea actual ha absorbido el mito de la carretera como medio de liberación personal, de búsqueda individual de nuevos paisajes y realidades. El prototipo sería esa vieja Ruta 66 popularizada por el cine y la televisión y que atraviesa parte de Estados Unidos. El protagonista de Carretera, sin embargo, iniciará un viaje que debe llevarlo de Madrid a San Petersburgo, atravesando por sus autopistas iluminadas esta Europa unida y descosida. Lo que realmente encontrará es el recuerdo de un homicidio accidental, muchos años atrás, en su juventud. No es un viaje hacia la liberación, sino hacia la memoria y la culpa.

Cubierta del libro.
(Lupercalia, 2016)
¿Hay mayor poder que el de construir casas y ciudades, tender puentes entre orillas enemigas, crear parques? Un recién divorciado al que sus hijas rehuyen, que vive en un piso compartido y tiene un trabajo rutinario, lleva una existencia sin sentido. Acabará por matar, de un modo mecánico, sin mucha justificación y sin ninguna pasión, a un gato, el único ser que le había proporcionado algo de calor. Esto es sólo el principio de un cambio profundo en la percepción de la realidad por el protagonista. Poder es una novela dura y, a su manera, terrible. El protagonista siente que ha cruzado una línea roja que lo separa de los demás, de los estúpidos, de todos nosotros. Él ya ha cruzado la frontera y está más allá. Ha descubierto el poder, y lo alimentará y lo irá ejecutando.

Las novelas incluidas en Carretera, pasta y poder forman un tríptico y tampoco es gratuito que Miguel Baquero las haya publicado formando una trilogía. Hay una línea subterránea entre el homicidio involuntario de la primera historia y el asesinato del teatro en la tercera. La locura acecha a estos dos protagonistas. En el centro, Pasta, el dinero, actuaría como novela-bisagra entre estos dos extremos. La lucidez cínica de su protagonista es como la piedra angular que sostiene el arco de la trilogía.


¿Tiempos necios y egoístas?

Piensa Miguel Baquero que hemos nacido en tiempos necios y egoístas. No sé si son más necios que otros tiempos pasados, ni más egoístas. Escritores vocacionales como Miguel Baquero y unos pocos más demuestran que la literatura que arriesga, la literatura que inventa y busca nuevos asuntos y modos de expresión se está escribiendo desde los márgenes. No existe censura expresa, se reconoce la libertad de expresión, pero la llamada industria mediática y cultural tiene las llaves de la difusión. Los lectores andan perdidos, desorientados. La crítica independiente e informada también es marginal e impotente. La propaganda ha sustituido al debate, los rotos de los pantalones se tapan con photoshop, los prestigios se pintan con la purpurina de unos premios con déficit de credibilidad. Reconocer el terreno de juego es imprescindible para moverse en él y, llegado el caso, seguir la senda que lleva a la salida. Hay que crear un propio terreno de juego, sin límites fijos y con las reglas de la calidad formal, la eficacia narrativa y la honestidad intelectual.

¿No tiene vuelta atrás el cambio de Miguel Baquero? Los escritores de verdad no pasan dos veces por el mismo sitio, abren nuevos caminos. Sólo en los talleres de escritura te venden que escribir «mola». La inquietud, el desasosiego y el cambio son parte de la esencia de los escritores de verdad.


José Marzo



Nota: La trilogía Carretera, pasta, poder ha sido publicada por la editorial Lupercalia (Alicante, 2016).

Palabras e imágenes

Las palabras son importantes. Nos ayudan a entender la realidad y a actuar en ella. Mal usadas, nos confunden y atolondran.
Si “ganar algo” significa obtenerlo, conquistarlo, en un sistema parlamentario gana en unas elecciones el partido que obtiene la mayoría absoluta o conquista el apoyo de otros partidos para gobernar.
En las recientes elecciones, el Partido Popular ha sido la fuerza política más votada, pero no ha ganado las elecciones. En otras palabras: el Partido Popular no ha ganado las elecciones, sólo es la fuerza política más votada.
Esto es así aunque los periódicos voceen lo contrario con mayúsculas en sus cabeceras y los noticiarios lo murmuren como un mantra entre anuncio y anuncio de depósitos bancarios… y aunque algún analista brillante lo haya interiorizado hasta el punto de deslizarlo inconscientemente en su columna diaria.
Las imágenes también son importantes. Nuestra sociedad sigue siendo más plural que un mapa de España repintado engañosamente de uniforme azul. Caben muchos colores entre Finisterre y Cabo de Gata, entre Cadaqués y Punta Umbría.
Si el Partido Popular quiere gobernar en minoría como ha declarado, tendrá que negociar y ceder. Tendrá que ceder mucho. Y malos negociadores serían los demás partidos si no consiguen que ceda en más de lo que le gustaría: en algunas de tantas cosas razonables que le demandó buena parte de la sociedad española durante cuatro años y que, encastillado en su ya perdida mayoría absoluta, no escuchó.

. . .
Nota: Según el politólogo Antonio Elorza, «ganar es obtener algo por medio de una acción. Se ganan unas oposiciones o a la lotería tras jugar. Y el 20-D, el partido más votado no ganó nada» («César o nada», El País, 26 de febrero de 2016). Su argumento también se puede aplicar al 26-J.

Una España federal en una Europa federal...

(24 de junio de 2016)
Europa es hoy un poco más pequeña que ayer, mientras que Reino Unido se repliega sobre sí mismo. Europa se tambalea y Reino Unido parece refugiarse en la ensoñación de un imperio que dejó de existir hace más de medio siglo.
Nuestros líderes políticos han querido crear una Unión Europea institucional y comercial, despreocupándose de promover una cultura europea, sobre unos valores democráticos seculares, que articulen nuestra participación a todos los niveles y garanticen nuestras libertades y derechos sociales.
La decisión de los británicos me recuerda aquella greguería de Ramón Gómez de la Serna: «Un gato subido a un árbol cree que se ha independizado del mundo».
La situación de Europa me recuerda un plato mal cocinado por malos cocineros, informe y crudo, sin sabor, sin color y sin sentido.
Soy federalista, por razón, por sentimiento y por emoción, y hoy, con más convicción, afirmo que estoy a favor de una España federal en una Europa federal...
Ilustración de David Vela.

Elogio del indeciso

Que a falta de unos pocos días para las elecciones, el número de personas indecisas supere al de las que ya se han decidido por la lista mayoritaria, es una buena noticia para la democracia.

Si no hubiera indecisos, podríamos evitarnos las convocatorias a urnas; bastaría con contar carnés de afiliados o pasar lista a los seguidores de las cuentas de los líderes políticos en Twitter.

Hay razones profundas por las que un ciudadano de cualquier condición puede tener una preferencia invariable: porque honestamente comparte el ideario de una formación, por compromiso con la historia y las luchas de sus antecesores… Estas personas conforman los cimientos de un partido, su suelo. También existe el votante oportunista, que se limita a sopesar conveniencias inconfesables. Antes que votante, es cliente. Quizá de la cuota de poder de ese partido dependa la firma de un contrato, una subvención, un trato de favor ante la Administración para sí mismo o para su marca, empresa o gremio. Pero los ingenieros de la propaganda explotan otros motivos de decisión. Conocen la sensibilidad de nuestro cerebro a los colores, ciertas melodías e iconos, a las palabras huecas que parecen decir algo y sólo despiertan reacciones…



El indeciso anima a los partidos a matizar sus programas y a corregir sus prácticas políticas. Es incontrolable e impredecible. 

Su fuerza no es desdeñable. A lo largo de la historia, ha tumbado gobiernos corruptos y ha invertido mayorías parlamentarias. No se mantiene fiel con quienes incumplen sus promesas. Tiende a recelar del tic autoritario y a castigar las ilusiones infundadas. Pero, sobre todo, lleva en su propia indecisión las marcas de la diversidad. Al considerar en su conciencia dos, tres opciones, cobija la semilla de la pluralidad que es la base de las democracias.

Dos y dos son cuatro

En fin, dos y dos son cuatro, aunque en un sistema del miedo como el que padecemos no consigas un ciudadano que lo corrobore ante un tribunal.
Y la libertad, como bien sabía Orwell, es poder decir que dos y dos siguen siendo cuatro.
La tierra sigue girando. "Eppur si muove", Galileo.

31 de mayo de 2016


Agua (aforismos, 2011-2015)

Agua (aforismos, 2011-2015).
Ilustración de la cubierta y de uno de los aforismos.
+ Info sobre Agua.

Después de comer me quedé en mi cuarto de la rue Catinat

«Después de comer me quedé en mi cuarto de la rue Catinat, esperando a Pyle. Me había dicho:

"Estaré contigo, a más tardar a las diez".

Cuando sonó la medianoche no pude contenerme más y bajé a la calle. En el rellano de la escalera había bastantes viejas, con pantalones negros, sentadas en cuclillas; como era febrero, supongo que no podían soportar el calor de la cama. Pasó pedaleando lentamente un triciclo de alquiler, hacia el río; se veían las luces encendidas donde habían desembarcado los nuevos aeroplanos norteamericanos. En toda la longitud de la calle no se veía ni rastro de Pyle.»

De El americano impasible, de Graham Green



A Elena la despertó un ruido de vasos y cubertería procedente de la cocina

A Elena la despertó un ruido de vasos y cubertería procedente de la cocina, en la planta baja. También creyó oír voces cruzadas y percibir un suave aroma a café. Le costó aún varios minutos ubicarse. Las paredes pintadas al temple, los altos techos con vigas de madera, la cómoda y la mesita de noche rústicas. A través de las cortinas, se filtraba la luz azulada de la mañana. Salió en bata de la habitación y, al final del pasillo, al que daban las puertas de los cuatro dormitorios, se encontró en el salón vacío, sin más mobiliario que algunas sillas plegables apiladas en una esquina.

Abajo, en el comedor, Jaime estaba sentado a la mesa leyendo el periódico. Con él se encontraba una mujer, que preparaba el desayuno. Pese al delantal, su aspecto difería mucho del de una sirvienta. Llevaba el pelo recogido en un moño, que acentuaba su estatura, vestía blusa y pantalones claros y calzaba tacones altos. En ese momento ponía las tazas en la barra de la cocina americana.

–¡Aquí está Elena! –la saludó con una sonrisa al verla bajar por la escalera. Secándose en el delantal, fue a su encuentro y le tendió una mano–. ¡Qué ojos tan bonitos! ¡Y qué joven! Yo soy Cristina –Ante la confusión de la recién llegada, precisó–: La mujer de Lisardo, vuestro productor. No he querido dejar pasar la oportunidad de venir a veros la primera mañana.

Jaime, sin levantar la vista del periódico, se limitó a dar los “buenos días” entre dientes.
El día anterior, él y Elena, después de atravesar toda la provincia de Huelva de sur a norte, habían llegado a Aracena a media tarde. Se animaron a dar un paseo por la ciudad, dinámica y comercial, llena de cafés y plazuelas empedradas. Subieron al castillo. Les encantó la vista sobre la población, encajada entre montes arbolados, encendidos por el último sol del día. Como una niña, Elena se había apoyado en el pasamanos de madera del mirador y, cogiendo mucho aire en los pulmones, había gritado:

–¡Aracena! ¡Qué guapa eres!

Al oírla, y viendo a otros turistas cerca del mirador, Jaime había hecho un mohín de fastidio. Luego cenaron en un restaurante con sillas de enea y manteles a cuadros. Estaban desganados, agotados. No sabían cómo llegar a la casa rural La Fuentecilla, a unos tres kilómetros de Aracena. Una carretera solitaria les condujo hasta la aldea de Carboneras. Allí debían tomar una pista rural. Pero de nada les servían las coordenadas GPS de la vivienda si el coche no disponía de navegador. Además, en pleno parque natural, ni siquiera sus móviles tenían cobertura. Aunque ya eran más de las diez de la noche, encontraron en la calle a un hombre que se ofreció a guiarles.

(...)

De la novela Olga y la ciudad

Nietzsche y los valores humanistas

Nietzsche ha sido el filósofo contemporáneo más odiado y más amado. Raras veces se le ha concedido el favor de una lectura con pretensiones de objetividad, pero el creador de una literatura intempestiva, y azote del concepto mismo de verdad, ni pretendía tal lectura ni la hubiera aceptado. «Tengo la fuerza suficiente para dividir en dos la historia de la humanidad», escribió. No estoy de acuerdo con él. Sin embargo, la intensidad de las emociones diversas que despierta su obra parece indicar que ésta se coloca en la herida que, de hecho, continúa abriéndose y sangrando para dividir en dos la historia de la humanidad.

Hay tres conceptos fundamentales y afirmativos en su pensamiento: el espíritu libre, la voluntad de existir y la voluntad de poder. Y hay, además, dos negaciones, la de la ética cristiana y la del igualitarismo democrático y socialista, que él critica en la medida en que los considera opuestos a los valores que afirma. O, a la inversa, ¿no podríamos suponer que sus afirmaciones son exactamente lo opuesto de los valores defendidos por el cristianismo y el primer igualitarismo moderno, a los cuales desprecia?
Nietzsche, retratado hacia 1882

La voluntad de poder sería su concepto bisagra si seguimos la interpretación de Heidegger. No se ha insistido lo suficiente en que Heidegger era un pensador metafísico y que, por el contrario, Nietzsche era un escritor antimetafísico. La voluntad de poder es, ciertamente, el concepto más endeble de Nietzsche, el más biológico por su origen y el único metafísico por su ambición, pues alude a un principio antropológico que, supuestamente, ordenaría la conducta del ser humano, anhelante de poder. De ahí el interés de Heidegger en acentuarlo. La psicología lo superó hace ya mucho tiempo: la voluntad de poder no es el único motor del comportamiento humano, ni siquiera el principal. El mérito de Nietzsche, sin embargo, fue desvelarlo cuando nadie osaba hacerlo.

Considero más interesante el concepto de la voluntad de existir, que él no definió de un modo expreso, pero que rezuma en todos sus libros. Está en el gozo de vivir, en la exaltación de la vida en todas sus manifestaciones, en el placer procurado por los paisajes que describe, las sensaciones de un cuerpo que bebe, come, camina y lucha. Está asimismo implícito en su imagen del eterno retorno: vivir de modo que estuviéramos dispuestos a volver a experimentar nuestra vida, íntegramente, con lo placentero y con lo doloroso, sin renunciar a ninguna de las pruebas por las que hayamos pasado. «¿Es esto la vida? ¡Muy bien! ¡Pues que vuelva a empezar!», exclama.

Ahora bien, siendo la voluntad de existir un rasgo destacado del pensamiento filosófico y del estilo de Nietzsche, ésta no es novedosa. Ya la encontramos en el epicureísmo, aunque extremada en él con una tensión agónica y trágica.

Pienso que la gran aportación de Nietzsche es el concepto de espíritu libre. Puede sorprender que el filósofo que levantó uno de los mayores mitos contemporáneos, el del individuo liberado de sus cadenas éticas, sociales e históricas, no creyera en el libre albedrío. El libre albedrío «es un invento de las clases dirigentes», afirma, «la expresión libre albedrío no quiere decir otra cosa que el hecho de no sentir las nuevas cadenas». Y subrayo el término sentir, pues las cadenas, la necesidad, nunca desaparecen.

Éste es su gran hallazgo: la libertad no existe, pero qué importa, saltemos hacia la libertad. Nietzsche, por primera vez en la historia, no fundamenta la ética sobre un mandato divino, ni sobre una cualidad natural y específica del hombre, ni sobre una metafísica, sino del modo más sencillo sobre la cultura, el pensamiento y, en última instancia, la imaginación. ¿No es maravilloso?

También aquí yace, sin embargo, su gran error, el de su incapacidad para comprender que la libertad es un principio cultural, social y político; un principio común y compartido; un principio que, en consecuencia, emana de la sociabilidad. Pero ¿no destruía él mismo la sociabilidad al despreciar el otro gran principio de la modernidad, la igualdad? Nietzsche es por ello otro hereje de la modernidad, fundador de una senda que se debe recorrer, la de una ética antimetafísica, pero que debemos abandonar si queremos reencontrar la sociedad y la política, reencontrarnos a nosotros mismos, y volver a caminar individual y colectivamente.

No deja de sorprenderme que el hombre capaz de imaginar una libertad no metafísica no alcanzara a entrever una igualdad, asimismo, no esencialista, no natural, no metafísica. La libertad no existe, tampoco la igualdad, pero qué importa, saltemos hacia la libertad y la igualdad.

Más sorprendente aún es que Nietzsche, creyendo caminar, llegara tan lejos arrastrándose con sus pies de barro.


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Aforismo 13. «Un caminante con pies de barro», del ensayo de filosofía política El paso.