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Égloga: trilogía Primicias, frutos y presagios (Laberinto 4-6)

De las tres novelas incluidas en esta entrega de Laberinto, la titulada Égloga es la que más me ha gustado. Una novela brillante, escrita con el mismo estilo sugerente e hipnótico que ya hemos leído en otras novelas de Juan Ignacio Ferreras, como Calle o Demasiado pequeño para ganar la guerra. Se nota que Juan Ignacio estaba inspirado. Escribía de cosas que le afectaban, recuerdos de su infancia y adolescencia, historias vividas o soñadas en los paisajes familiares.

Égloga narra un veraneo en las montañas de León. La costumbre de veranear en los pueblos familiares sigue viva en España en el siglo XXI. A veces, uno conserva la vieja casa donde se criaron sus padres o sus abuelos y que sólo se habita en verano. Otras veces, quizás conserve familia en el pueblo y comparta apellidos con muchos vecinos. Pero Égloga está ambientada en la década de 1940, cuando esa vinculación entre el veraneante, la familia y el paisaje era aún muy fuerte. El joven, que estudia Derecho en Madrid, se reencuentra con un modo de vida en el que se hunden sus raíces.

¿Una novela de veraneo en los años cuarenta del siglo XX? Recordemos el contexto. Si la novela está basada en recuerdos de la adolescencia de Juan Ignacio Ferreras, debe de tener lugar hacia 1945, año arriba, año abajo. Es la posguerra española. Es incluso posible que no haya acabado la Segunda Guerra Mundial. Podría pensarse que Égloga es una novela escapista, porque no hay en ella nada que resuene a guerra. La juventud es egoísta, debe ser egoísta... Los jóvenes de ambos sexos que pasean por esta novela no se preocupan de guerras, sino más bien de amores. Juan Ignacio ha escrito una «égloga», como su título alude, es decir, un relato bucólico, caracterizado por una visión idealizada de la vida rústica (diccionario de la RAE). También hay aquí, a su manera, como pastorcillos y pastorcillas que dialogan y se bañan casi desnudos en el río y se roban besos en los graneros. Los veraneos en el agro español daban pie a escribir una especie de novela pastoril en pleno siglo XX, y uno de los aciertos de Juan Ignacio Ferreras fue ver la posibilidad y atreverse a escribirla.

Antes dije que encontramos en Égloga el mismo estilo sugerente e hipnótico de otras novelas de Juan Ignacio Ferreras. Hay algo más, muy importante en esta novela, que es el romancero popular. Porque hay personajes de Égloga que aún saben de memoria viejos romances, muchos de ellos sazonados de picardía, historias de encuentros furtivos y de celos, sátiras de los poderes públicos y del clero, cantos al paisaje y la naturaleza. Despejemos la duda: Ferreras no está embutiendo una práctica anticuada en el tiempo de su novela, no está incurriendo en algún tipo de anacronismo. Mi propia abuela, nacida en un pueblo de Toledo en la segunda década del siglo XX, aún recitaba de memoria, hacia la década de los ochenta, ya anciana, muchos romances como éstos.

Hay en Égloga, en fin, un gusto por la voz, los sentidos y la sensualidad. Hay mucho de juego. Pura literatura, pura vida.


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Nota: Égloga esta incluida en la trilogía Primicias, frutos y presagios, volumen 4-6 de Laberinto (ACVF Editorial)




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