Novelas Plurales

Novelas Plurales: La alambrada, Olga y la ciudad, Actores sin papel, Noticias del fin del mundo.

«Mientras algunos se obstinan en destruir, unos pocos nos empeñamos en seguir creando»

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14 de octubre de 2017

Novela, una vida. Novelista, un estado.

Creo que, a fin de cuentas, lo que a uno le permite decir que es novelista es haber escrito algunas novelas y seguir sintiéndolas como parte de su biografía.

Escribir una novela es casi como vivir una vida.

Pienso que la condición de novelista es antes un estado que una actividad remunerada. Uno es novelista porque escribe novelas, porque piensa en ellas, porque se proyecta a través de las novelas que escribe.

Quien haya escrito aunque sólo sea un párrafo de ficción me entenderá. Somos novelistas, sobre todo, cuando escribimos una novela, porque escribimos dentro de ella. Luego, al poner el punto final, somos novelistas a medias, desamparados, en busca de una nueva novela.

Escribir es un acto solitario. El novelista debe aprender a estar solo.

Esto desde luego no quiere decir que un novelista pueda abstraerse de las condiciones históricas, sociales y biográficas. En parte, una novela es también el resultado de factores que el propio novelista no decide. El novelista debe retirarse para escribir, pero nunca se aísla en una burbuja.

Que el aire fresco entre en nuestra habitación por la ventana abierta.

A lo largo del río de la historia, hay novelistas que han escrito a favor de la corriente y novelistas que han escrito tras caer desfallecidos en la orilla, después de haber nadado con denuedo para no verse arrastrados por las aguas.

Tolstói es autor de una de las mejores novelas de todos los tiempos, Guerra y paz. Dostoievski es autor de una de las mejores novelas de todos los tiempos, Crimen y castigo. Tolstoi era conde, rico, disponía de toneladas de tiempo libre. Dostoievski fue condenado a muerte por sus ideas y sufrió prisión.

Ni toda la riqueza ni todo el tiempo del mundo bastan para escribir una gran novela. Las condenas a muerte y las rejas de las prisiones no dan talento a quien no lo tiene.

No nos quejemos tanto, amigo escritor. Somos escritores minoritarios en una época de confusión, de lectores desorientados y falsos prestigios, de acuerdo, pero ¿cuándo hubo una época dorada para los escritores de verdad?

Mateo Alemán huyó a América y allí se perdió. Daniel Defoe fue humillado en la picota. Diderot, me dice un amigo, escribió uno de sus mejores libros en un cuartucho, donde se había puesto a salvo de los autoritarios durante unos días.

Cada novelista se hace su camino. El camino de la lectura lo deben hacer los lectores.



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